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Los orígenes de la robótica – Parte 1: el Mito del Gólem de Praga

La robótica como tal es un campo de investigación muy moderno que cuenta con poco más de 150 años de edad. Los primeros “robots” fueron creados a principios del siglo XIX durante la Revolución Industrial, y no fue hasta 1960 que las máquinas no empezaron a hacer uso de la Inteligencia Artificial.

Pero la verdad es que desde la antigüedad, los humanos siempre han soñado con la creación de seres artificiales capaces de actuar por sí sólos y obedecer la voluntad de su creador. Encontramos ejemplos en Grecia: Talos, el protector de Creta, que era un gigante de bronce forjado por Hefesto, o con las estatuas de oro parlantes que construyó Dédalo, el padre de Ícaro. En la Antigua China encontramos cuentos que nos hablan de bailarines mecánicos capaces de hablar, reconocer objetos e incluso comer y beber. A finales de la Edad Media aparece la leyenda del Gólem, un hombre esculpido con arcilla y animado mediante rituales religiosos que protegía el barrio judío de Praga. Más adelante podemos encontrar Frankenstein, la novela de la escritora Mary Shelley que inició el género de la ciencia ficción tal y como lo conocemos.

Si bien es dudoso que los antiguos tuviesen alguna posibilidad de crear autómatas pensantes, es muy interesante analizar estas leyendas porque demuestran que la fascinación del ser humano para crear vida artificial es algo innato de su naturaleza. En esta série de artículos exploraremos varios de estos mitos.


El mito del Gólem de Praga

En la mitología judía, un Gólem es una imagen o figura a la que se da vida mediante rituales mágicos, normalmente pronunciando el nombre de Dios o escribiéndolo en un pergamino. En general, los Gólems tomaban forma humana y, a pesar de no ser muy inteligentes, eran capaces de ayudar a su amo con las tareas más sencillas y protegerlo en caso de ser necesario.

De todas las historias del Folklore Juío dónde aparecen Gólems, ninguna es tan famosa como la leyenda del Gólem de Praga y del rabino Loew ben Bezalel. Hay varias versiones de este cuento, pero todas son más o menos como sigue.

Retrato del Rey Rudolph II. Imagen de wikipedia.org

A finales del siglo XVI, Praga era hogar de muchas familias judías. En aquellos tiempos la ciudad se encontraba bajo el dominio de Rudolph II de Hasburgo, un rey muy ilustrado y muy tolerante en temas de religión. Esto permitió el florecimiento del colectivo judío por todo su reino, pero fue en Praga dónde prosperó especialmente. Sin embargo, esto no evitaba que el Gueto Judío fuese objeto de constantes asaltos y revueltas provocadas el resto de ciudadanos cristianos de la ciudad.

De todos los sacerdotes y místicos de Praga, sin duda el más importante era el rabino Loew Ben Bezalel (1513-1609), que dedicó su vida a proteger el barrio judío de la ciudad y a ayudar a los habitantes en su día a día.

Estatua del Rabino Loew, en Praga. Imagen de wikipedia.org

 

Se cuenta que el rabino construyó el Gólem por inspiración divina, a través de fórmulas cabalísticas que le fueron reveladas en sueños. La tarea no era fácil: descifrar las fórmulas requería estudiar detalladamente los textos sagrados, y el más mínimo error en el proceso podía acabar volviéndose en su contra. Por si fuese poco, el Gólem sólo cobraría vida si durante el ritual se pronunciaba el Shem Hameforash, el verdadero nombre de Dios, que sólo era conocido por unos pocos hombres en cada generación.

Pero el rabino Loeb tenía una voluntad férrea y estaba determinado a hallar una forma de ayudar a su gente. Así pues, pasó largo tiempo estudiando antiguos manuscritos y recopilando fuentes, y trabajó incansablemente hasta que, al final, descifró cada uno de los pasos del ritual.

Para construir el Gólem hizo llamar a dos asistentes. El primero era su yerno, que era un Cohen. Según la tradición Judía, los Cohen tienen un estatus especial dentro del colectivo porque se cree que son descendientes directos de Aarón, el hermano de Moisés. El segundo ayudante fué uno de sus pupilos, que era un Levita. Los Levitas son descendientes directos del tercer hijo de Jacobo.

El rabino explicó entonces los detalles del ritual a sus ayudantes. En primer lugar tenían que someterse a un largo proceso de purificación porque, a no ser que estuvieran totalmente libres de impurezas, pronunciar el Shem Hameforash podría matarles. Después tendrían que ir al Río Moldau y moldear la figura de un hombre a partir de la arcilla que abundaba en sus orillas. Después, los dos ayudantes tendrían que andar en círculos alrededor del Gólem mientras recitarían varias fórmulas cabalísticas. Finalmente, el rabino daría vida al Gólem escribiendo el nombre de Dios en un pergamino e introduciéndolo en la boca de la criatura (otras versiones dicen que había que grabar el nombre en su frente).

El río Moldau es el río más largo de la República Checa. Imagen de wikipedia.org

Al principio, el Gólem fue bien recibido entre los Judíos. De día ayudaba en las tareas de la comunidad, ya fuese cortando leña, cargando pesos o asistiendo al rabino en las ceremonias religiosas. De noche protegía el Gueto patrullando por las calles y expulsando a todos los intrusos que entraban con malas intenciones. El único mantenimiento que requería el Gólem era que el rabino sacase el pergamino de su boca durante el Sabbath, desactivándolo y permitiéndole descansar durante el día sagrado.

A pesar de que se representa el Golem como un ser corpulento, mito original dice que era casi indistingible de un hombre corriente. Imagen de wikipedia.org

Pero a medida que pasaba el tiempo, el Gólem se volvía cada vez más fuerte y más violento. Cuándo ayudaba a los judíos en sus tareas normalmente acababa causando destrozos, y de noche no se limitaba a vigilar las calles del Gueto sino que se adentraba en la zona de los cristianos y aterrorizaba a los otros habitantes de la ciudad. Viendo que esto no hacía sino empeorar la imagen del colectivo Judío, el rabino decidió desactivar el Gólem sacando el pergamino de su boca. Después, llamó a sus ayudantes y con su ayuda trasladó el cuerpo de arcilla al ático de la sinagoga de Praga, dónde realizó el mismo ritual que dió vida al Gólem pero empezando por el final. Esto arrancó definitivamente la vida al Gólem y lo convirtió en un montón de arcilla sin vida. El ático de la sinagoga fue entonces sellado, y no se permitió a nadie entrar durante muchos años, hasta el siglo XIX. Sin embargo, la figura de arcilla nunca fué encontrada.

Este cuento tiene diferentes versiones del final. Una de ellas dice que el Gólem era un ser muy gentil y preocupado por el bienestar de los Judíos, hasta que un día el rabino olvidó desactivarlo durante el Sabbath. Esto hizo que el Gólem entrase en un estado de locura, causando numerosos destrozos. Otra versión dice que el Gólem se enamoró de una muchacha con la que deseaba casarse, pero esta lo rechazó e hizo que entrase en un estado de fúria incontrolable.

Sea cuál sea la versión, lo que está claro es que el cuento no acaba bien para la desgraciada criatura de arcilla.


Fuentes:

Tr4nsduc7or

Originariamente creado cómo un galvanómetro de bolsillo, Transductor tomó consciencia de si mismo y fue despedido cuando en vez cumplir con su trabajo se dedicó a pensar teorías filosóficas sobre los hilos de cobre, los electrones y el Sentido del efecto Joule en el Universo. Guarda cierto recelo a sus creadores por no comprender la esencia metafísica de las metáforas de su obra. Actualmente trabaja a media jornada cómo antena de radio, y dedica su tiempo libre a la electrónica recreativa y a la filosofía.

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1 Comentario en "Los orígenes de la robótica – Parte 1: el Mito del Gólem de Praga"

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David Martínez
Humano

Un artículo muy interesante!

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